29-12-2012
Las transformaciones econòmicas impactan en las ciudades
06-05-2011
Urbanística, reflexiones sobre su carácter epistémico
A comienzos de la década de 1970 David Harvey escribía, que si bien se habían estudiado y examinados los fenómenos urbanos desde muchas perspectivas y puntos de vista, desarrollándose una vasta bibliografía al respecto, aún se buscaba en vano una teoría general que sistematizara los conocimientos que se poseen sobre la ciudad como entidad social, recogiendo el llamado efectuado por Louis Wirth en 1938, en su celebre trabajo Urbanism as a way of life (1) (Harvey 1985). A la luz de la evolución de la disciplina desde entonces, profundamente influida por la crisis de representatividad de las ciencias sociales, la emergencia de las corrientes posmodernistas y las actuales visiones neo-positivistas, la alusión de Harvey posee una vigencia inquietante, aún a casi 4 décadas de su formulación y a más de 70 años del llamado hecho por Wirth. Todo lo cual tiende a darle razón a la visión que plantea que después de la puesta en escena de la problemática urbana por parte de la Escuela de Chicago, la “sociólogía urbana” renunció a elaborar una teoría sobre la ciudad. (Clavel 2002)19-11-2010
Teoría: Origen del urbanismo
No es posible comprender las ciudades contemporáneas, sin hacer referencia a las profundas transformaciones económicas que han experimentado las sociedades humanas desde la revolución industrial en adelante. En el mundo anglosajón la planificación urbana y el urbanismo como disciplina, nacen como respuesta a los graves problemas sociales y urbanos de las ciudades portuarias e industriales, justo después de la Gran Depresión de 1873-1890. Hecho no casual, considerando que tal como es posible hacer una correlación entre los grandes cambios económicos ocurridos en el mundo y los procesos de transformación (física y social) de las ciudades, también es posible relacionarlos con las transformaciones en los modos de “gobernar” tales cambios. Los cuales podrían ser agrupados en tres grandes momentos de la historia.
Un segundo momento, “planificador” o “desarrollista”, corresponde al período que va desde la crisis de 1929 hasta la crisis del fordismo en los años 60s y 70s, el cual se caracteriza por la fuerte presencia del Estado en la planificación de la economía y la sociedad. Si bien, a nivel teórico puede concebirse como la continuación natural de las preocupaciones que dieron nacimiento a la disciplina, en este periodo se desprende de las perspectivas demasiado liberales e individualistas, encontrando en la Gran Depresión de los años 30s la justificación necesaria para “corregir” las inequidades del libre mercado por medio de la acción estatal. Durante este período, fuertemente influenciado por las ideas de Keynes(1), se sientan las bases de un nuevo sistema monetario mundial fundado en un mayor proteccionismo, se promueven políticas de desarrollo e industrialización impulsadas por el Estado y se desarrolla la disciplina urbanística como una herramienta fundamental en este proceso.
Sin embargo, la crisis económica de fines de los años 60s y comienzos de los 70s(2), que derivó en una progresiva desindustrialización de las ciudades europeas y norteamericanas, puso en entredicho en todo el mundo los modelos de planificación de corte keynesiano. Dando pie a un tercer momento, que bien podría denominarse “pos-moderno”, dada la emergencia de una pluralidad de enfoques y la yuxtaposición de disciplinas, en un horizonte donde todo parece gozar del mismo status de legitimidad; o bien “neo-liberal”, dada la naturaleza de las nuevas políticas económicas(3) que están a la base de las nuevas políticas urbanas. Independiente de que las respuestas sean “reformistas” o "conservadoras”, en este periodo se tiende a reciclar buena parte de los constructos teóricos, dispositivos técnicos e instrumentos anteriores. Una de las características de esta fase es que el vínculo entre las transformaciones en los estados (que pierden relevancia), en la economía (que se desvincula del territorio) y en la sociedad (que se “globaliza”), debilita el modelo de organización en base a estados-nacionales, abríendo nuevas posibilidades para dimensiones infra-nacionales.3. Cuyos ejes centrales son la desregulación, la privatización, la flexibilización del mercado del trabajo y la descentralización espacial.
Imágenes:
1. "The Strike" (1886), Robert Koehler.
2. Refinería de Petróleo ENI de Gela (Sicilia), construida como parte de las políticas de desarrollo promovidas por el Estado, de inspiración keynesiana, en Italia.
3. Población en Ciudad del Cabo, Sud África. Foto de Theo Scheffler.
08-10-2010
Apuntes n°3: Razonando en torno a un enfoque semiológico de la ciudad
Así dadas las cosas, el urbanismo, sea desde la trinchera del estudio de los fenómenos urbanos, como en la planificación concreta de proyectos de intervención urbana, da forma, sentido y validez social a una serie de discursos diversos, que se condensan en él. En este sentido, se hace necesario un análisis semiológico de las ciudades, que vincule procesos de percepción, significación y representación, ya que a través de la ciudad cotidianamente se llevan a cabo una serie de "transcripciones" culturales y valorativas por parte de sus habitantes.
Por ejemplo, buena parte del éxito o el fracaso en la construcción de grandes proyectos urbanos (el Barrio Cívico de Concepción, Puerto Madero en Bueno Aires o el Guggenheim de Bilbao), está determinado por un proceso de interrelación, o cierta reciprocidad, entre el diseño (y construcción) y la apropiación espacial por parte de los habitantes y transeúntes. Quienes a fin de cuentas son quienes, por medio de la experiencia, le dan sentido a tales espacios, independiente de lo que se pretendía representar en el diseño de la obra.
Es decir, se procuden tensiones entre las funciones formales y simbólicas (ideológicas)de las obras, proyectos, intervenciones y políticas llevadas a cabo en las ciudades (es decir para lo que fueron elaboradas y lo que pretenden representar), y la apropiación material y simbólica que las personas hacen de ellas (es decir, las dinámicas sociales que se dan en o a partir de ellas). Este esquema simplificado, sirve no obstante, para mostar que el proceso de significación de un espacio urbano X, implica siempre un fenómeno dinámico, cambiante y contradictorio, cuyos sentidos constantemente se superponen.
Nota:
1.- Van Dijk, Teun A - compilador - (2001),
“El discurso como interacción social II: Una introducción disciplinaria”, Gedisa, Barcelona.
15-08-2010
Apuntes n° 2: ¿Qué pasó con el fin de la territorialidad?
Ahí sería donde la territorialidad comenzaría a palidecer. Si no fuera porque que los contextos territoriales (y las condiciones materiales de vida) de cada comunidad o persona, no son sólo importantes para los excluidos por la “brecha digital”(4), sino también para aquellos que estando integrados a las redes globalizadas de información, deambulan en la bi-dimensionalidad (entre lo material y lo virtual) de la realidad sin aparente conflicto.
Es decir, independiente de cuan integrado se esté a las redes mundiales de información, de cuan globalizadas sea las ciudades contemporáneas y cuan homogénea la cultura que se consume en todo el mundo, hasta que no seamos capaces de suplir la dimensión cotidiana de la vida humana experimentada a través de los sentidos, el espacio físico siempre va a poseer una relevancia incuestionable.02-08-2010
Apuntes n°1 (sobre la naturaleza de la ciudad)
Se tiende a pensar a las ciudades contemporáneas como si fuesen el medio ambiente natural de las sociedades modernas, fruto de la evolución cultural de los seres humanos. Es decir, como un continuo inevitable y espontáneo. Según ciertos teóricos de principios del siglo XX, la ciudad constituía "el hábitat del hombre civilizado", el cual básicamente representaría un "área cultural", un espacio fruto de la naturaleza humana que permitiría el desarrollo de la sociedad y la "civilización" del ser humano, en palabras de Robert Park.Sin embargo, los últimos 40 años han mostrado que si bien existe una fuerte relación entre las transformaciones económicas, las políticas que influencian y los efectos territoriales que generan, permitiendo vincular los ciclos económicos a algunas de las grandes transformaciones sufridas por las ciudades desde el siglo XIX, esta relación no es de tipo evolutivo. Muy por el contrario, dichos vínculos no son lineales ni mecánicos, sino asincrónicos y sus resultados muchas veces contradictorios e involutivos.
Así dadas las cosas, no cabe más posibilidad que concebir históricamente la ciudad como un hecho artificial, surgido en un momento determinado, de acuerdo a ciertas condiciones que la hicieron posible y necesaria; y no como un indicador de evolución cultural. De hecho, su desarrollo histórico, social y morfológico, responde a situaciones históricas específicas, a contextos económicos determinados y no representa, necesariamente, la “naturaleza” de la evolución cultural de la sociedad.
2010
Notas:
1 De acuerdo a la visión desarrollada por Spengler a comienzos del siglo XX, la ciudad es un producto cultural que a su vez posee una cultura propia, en palabras suyas: ''lo que la casa es para el campesino, la ciudad lo es para el hombre civilizado” (Spengler, 1998)
2 Señalaba Robert Park, que mientras las ciudades antiguas eran en primer lugar una fortaleza, un refugio en tiempo de guerra; las ciudades modernas, al contrario, son en primer lugar centros comerciales y deben su existencia al mercado en torno al cual surgieron.
Imagen:
Pintura de Tullio Crali (1939) “Incuneandosi nell’abitato (In tuffo sulla città)"
Referencias:
Park, Robert E. ed alt. (1999), “La città”, Edizioni di comunità, Turín
Spengler, Oswald, (1998), “La decadencia de Occidente: Bosquejo de una morfología de la historia
universal”, Espasa Calpe, Madrid.
