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30-12-2010

Apuntes: Chiloé, modernización forzada

por JcScG

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El presente de Chiloé puede ser concebido como un producto singular de las políticas económicas que se arrastran desde los últimos 35 años en Chile tendientes a la apertura económica unilateral hacia los mercados externos y a la reducción del tamaño y participación del Estado, que ha sido denominada "modernización neoliberal".
En este sentido, la particularidad de Chiloé como entidad inserta en el ordenamiento económico mundial está dada por su configuración cultural e histórica y por el carácter específico que asumieron tales políticas en sus márgenes espacio temporales, o dicho de otro modo por la forma a través de la cual se ha internacionalizado económica y culturalmente el archipiélago.
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La manifestación local de la modernización neoliberal se expresa principalmente en: a) la proliferación de empresas privadas de capitales foráneos ligadas, directa e indirectamente, a las actividades salmoníferas, pesqueras y forestales; b) la creciente urbanización de la población y de la vida cotidiana; y c) la progresiva modernización de los servicios (básicos, financieros y de comunicaciones) y de la infraestructura vial y portuaria. Este escenario no resulta coherente, y hasta cierto punto parece incompatible, con la imagen idealizada del archipiélago de Chiloé y de las formas de vida y sociabilidad que se presume se dan en su multitud de rincones, canales, islas, ensenadas y pueblitos de madera. Ahora bien, ¿que problema habría en que una comunidad con referentes identitarios propios quisiera modernizarse y alcanzar el estándar de vida del resto del país? Ninguno, obviamente.
Sin embargo, en Chiloé la modernización económica se ha llevado a cabo no como parte de una planificación estratégica que considerase a las comunidades locales (única excepción el plan Chiloé diseñado durante el gobierno de Bachelet) y adoptase criterios de fomento a las diversidades culturales y de respeto al medio ambiente, sino simplemente se ha guiado por criterios de rentabilidad económica, en la búsqueda del máximo de ganancias con el mínimo de costos para los inversores.
La incorporación masiva de la libre empresa, en un entorno social que tradicionalmente se caracterizó por una economía casi de subsistencia, si bien fue problemática, no se tradujo en una tendencia irrefrenable hacia la transculturización y a la perdida de los valores culturales históricamente construidos en relación al territorio chilote, como se temió. Sino más bien se ha articulado como parte de una coexistencia bastante más compleja e híbrida, entre un mundo en extinción y uno que no acaba por llegar.
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Entendiendo la modernización como una intención cultural, se debe considerar que los ordenamientos sociales y espaciales que conlleva, como la asalarización de la fuerza de trabajo y la urbanización, son en sí parte de un proyecto cultural que se esconde tras el velo de inevitabilidad positiva y necesaria que presupone el crecimiento macroeconómico, como sinónimo de desarrollo, y o fin último de cualquier sociedad. En el caso chilote, el problema principal es que la "modernización" tal y como se llevó a cabo, no constituye un producto endógeno de reproducción de las contradicciones y desigualdades de la sociedad chilota, sino que se trata de la implantación, casi superpuesta, de una lógica productiva y de desarrollo sin arraigo local, de cual se benefician principalemente personas venidas de otras zonas.

Nota:
Texto escrito entre 2000 y 2001, como parte de la investigación exploratoria que condujo a la Tesis para optar al título de Sociólogo. Fue revisado cosméticamente en 2010.
Fotos:
1.- Vista de Castro extendiéndose hacia el sur, cementerio y puente Gamboa. 1999. Elaboración propia.
2.- Transbordaror que une Dalcahue con la isla Quinchao. 2000. Elaboración propia.

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06-11-2010

Proyecto Bicentenario: Comunicando a través de la ciudad

por JcScG



Existe una cierta tendencia, desde los últimos 30 años, según la cual a través de grandes proyectos de intervención urbana, el poder político en alianza con el sector privado, hacen uso de la ciudad para dar grandes menjaes la ciudadanía, otras ciudades y el resto de los estados. Reflejando en el espacio urbano el diseño de sociedad que subyace a las transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales especificas, que esde fines de los 70 y comienzos de los 80 han sido promovidas por el Estado. En este sentido, el urbanismo como disciplina ha servido como herramienta para plasmar en la ciudad determinadas intenciones culturales, expresadas en proyectos con carga simbólica, aun cuando en Chile hubo que esperar hasta los 90 para que se expresara dicho potencial.

Siguiendo esta lógica, el Bicentenario de la República en Chile fue concebido por el Estado como una oportunidad de plasmar, en el espacio urbano, los frutos del modelo de modernización neoliberal, dando cuerpo a un proyecto de alcance nacional cuya misión era cambiar el “rostro” de las principales ciudades del país. En un marco de fronteras abiertas al libre trafico de bienes y servicios económicos, culturales, y hasta políticos, el Proyecto Bicentenario pretendía materializar, con obras de alto contenido simbólico, el cumplimiento de uno de los principales objetivos de los gobiernos chilenos de la fundación de la república, alcanzar el estándar de vida de los países mas industrializados o el anhelado desarrollo, situando al país en el umbral del “primer mundo.”

En el caso de Concepción, apoyado en falta de patrimonio arquitectónico, el análisis del proyecto desnuda claramente la dirección que conlleva, pues en contra de determinadas declaraciones de intención y objetivos expresos, no se relaciona con la identidad y la dinámica social de la ciudad, sino que lo hace con el diseño de sociedad que se promueve. Más que responder a las intenciones, necesidades, expectativas y potencialidades de la ciudadanía, parece solo dar cuenta del tipo de sociedad que se está construyendo, si no existiese otra posibilidad.

Desaprovechando la oportunidad de pensar colectivamente las ciudades, de plantear un futuro de ciudades sostenibles, con una amplia dotación de servicios (primarios, secundarios y suntuarios), con sociedades más robustas y plurales; se optó tan solo, por "cambiar la imagen" provinciana, con trazos modernistas, por una contemporánea, con grandes obras de ingeniería, un "skyline" más alto y nudos viales. Como si la ciudad fuese tan solo un escenario, cuya "escenografía" se puede cambiar periodicamente sin que genere ningún conflicto o bien, esperar la ocurrencia de un terremoto o calamidad que se haga cargo de demoler lo que hay.

05-09-2010

Historia: Evolución histórica de la ciudad latinoamericana (segunda parte)


1.- De las políticas de desarrollo a la "crisis social"

Los años 40's y 50's en América Latina se caracterizan por la masificación de políticas de desarrollo, de inspiración "keynesiana", promovidas por el Estado(1). Por un lado, para hacer frente a los efectos de la crisis de 1929 y, por otro, para conducir a los distintos países al desarrollo económico. Bajo el sombra de la CEPAL, estas politicas tomaron la forma de un "desarrollo hacia adentro", sobre la base de una industrialización por sustitución de importaciones y la creación de polos de desarrollo(2). Este período, en el cual el Estado tenía un rol central en la planificación económica, pero sin anular la presencia del sector privado, ha sido denominado "desarrollismo"(3).

En aquella época, en distintos países, el estado llevó adelante grandes intervenciones y proyectos urbanos(4), sea con el objetivo de remodelar el espacio público de distintas ciudades, como de enfrentar los efectos de la masiva inmigración rural. Intervenciones hechas, de acuerdo a los principios de la racionalidad científica, traducida muchas veces, como una exaltación del modernismo europeo y estadounidense. La otra cara de este proceso, lo constituye la subestimación de lo local(5), a menudo visto como fragmentario, recesivo, obstáculo al desarrollo y como ejemplo de atraso cultural.

Sin embargo, a partir de los años 60's América Latina entró en una fase crítica de su historia. La población todavía crecía a ritmos elevados, las grandes ciudades se volvían metropolis cada vez más grandes y no se lograban manejar los problemas derivados del crecimiento demográfico. El modelo económico desarrollista se encontraba virtualmente agotado, sin haber logrado producir los resultados esperados, a pesar de que países como Brasil continuaban haciendo crecer el PIB. Más aún, el propio modelo de desarrollo había impulsado las fuerzas sociales que desencadenaron las contradicciones (6), que sin lograr democratizar verdaderamente la sociedad, contribuyeron al fracaso del modelo.

Así se llega a un momento en el cual la economía se lentifica en muchos países, se desencadenan conflictos políticos y las ciudades se sobre pueblan. En este contexto, los análisis tradicionales que se hacían sobre la sociedad, las ciudades y la urbanización, cominezan a hacer referencia solo a sus problemas no resueltos, sean estos funcionales (caos urbano, servicios insuficientes), territoriales (extensión, fragmentación) y a los conflictos sociales, que en ambas dimensiones se verificaban (exclusión social, criminalidad, desigualdad). A partir de los años 80's, a este marco, se agrega el tema de la contaminación ambiental. Es decir, en 30 años la ciudad latinoamericana pasa de ser concebida como el lugar de la modernidad, de las oportunidades, como un verdadero motor de la modernización nacional, a ser percibida como la fuente de todos los males sociales y como un obstáculo al desarrollo.

Notas:

1.- Por ejemplo, en 1939 en Chile, luego del terremoto de Chillán, se crea la Corfo con el objetivo de reconstruir el país e impulsar su industrialización.

2.- Por ejemplo, en algunos países el Estado hizo directamente siderúrgicas (como Volta Redonda en Brasil o Huachipato en Chile) y refinerías de petróleo, al mismo tiempo que se creaban o consolidaban las grandes empresas petroleras estatales: YPF en Argentina (1922), YPFB e Bolivia (1936), Pemex en México (1938), Enap en Chile (1950), Ecopetrol en Colombia (1951) y Petrobras en Brasil (1953). Excepción hecha de Venezuela, donde recien en 1976 se crea PDV, luego de la nacionalización de los hidrocarburos.

3.- Entre los principales exponentes teórico del pensamiento "desarrollista" se cuentan: Raúl Prebisch, Anibal Pinto Santa Cruz, Víctor Urquidi y Fernando Henrique Cardoso.

4.- El más importante, sin duda, lo constituye la construcción de Brasilia, sin embargo, existen muchos otros. En Chile, por ejemplo, la construcción del Barrio Civico de Santiago (1937) o la reconstrucción de Concepción (y Chillán) de los años 40's, o bien, el Plan Serena (1948-1952), el cual reconstruyó un centro histórico que nunca había existido.

5.- Por ejemplo, comunidades rurales, populares, periféricas e indígenas.

6.- En los 60's quedan en evidencia los límites de la democracia formal, que debería haber llevado a las sociedades al desarrollo; no pudiendo enfrentarse los crecientes problemas sociales y políticos, se generaron dos grandes salidas: a) la via "revolucionaria", inspirada en el guevarismo, y que fue derrotada en casi todo el continente; y b) la via "autoritaria de mercado", promovida por Estados Unidos y grupos de poder económico local, que dieron lugar a toda una época de dictaduras militares, especialmente entre los años 70's y 80's.

Imágenes:

1.- Parlamento de Brasil, en Brasilia. Foto de Mario durán Ortiz

2.- Contraste entre una Villa Miseria y edificios de altura en Buenos Aires. Foto de Andrew Kaufman.

12-08-2010

Bicentenario en Chile, ¿qué pasó con la promesa de futuro esplendor?

Por JcScG

Con motivo de la celebración de los 200 años transcurridos desde la constitución de la primera Junta de Gobierno en 1810, al alba del nuevo siglo, el estado chileno decidió recibir el bicentenario mostrando un "nuevo rostro" como país. Para ello en el año 2000 creó una comisión ad-hoc, cuya principal misión constituía elaborar “programas para canalizar y coordinar los esfuerzos que todos los sectores de la sociedad desarrollen en el marco de esta celebración”(1).

En la práctica, esto implicaba llevar adelante una serie de proyectos de intervención urbana que pretendían dar una "nueva imagen" a las principales ciudades del país, originalmente, Antofagasta, Valparaíso, Santiago, y Concepción, invitando a integrarse, con posterioridad, a las ciudades con más de 75 mil habitantes de las 15 regiones del país (2). La idea era dotar a los principales centros urbanos chilenos de nuevas obras de vialidad, edificios institucionales, parques y áreas verdes, rediseñando paseos peatonales, habilitando bordes ribereños, lacustres y marítimos.

Lejos de ser una apuesta conyuntural y puntual, el Proyecto Bicentenario constituía la representación concreta de un objetivo histórico en el espacio urbano, la promesa del desarrollo nacional. Algo así como la guinda de la torta. Como tal se enmarcaba dentro del proceso de profundas transformaciones económicas y sociales llevadas a cabo desde fines de los años '70s, que algunos han denominado "modernización neoliberal", y venía a simbolizar sus logros en proyectos de alto contenido simbólico. Los cuales serían realizados en lugares significativos del espacio público, sea remodelándolos o recuperando zonas sin utilizar.

Tal como rezaba la presentación de la comisión, la intención era remodelar la imagen urbana de las ciudades más importantes del país para comenzar los próximos 200 años de vida independiente con una infraestructura que refleje un franco camino hacia el desarrollo. En ese sentido, el presidente Lagos convocó al sector privado, a las municipalidades y a diversas personalidades, “conciente del significado profundo del Bicentenario de Chile, y con el anhelo de festejar este aniversario como ‘un país pleno y justamente desarrollado e integrado en nuestra diversidad."

Sin embargo, tal "convocatoria", se hizo sobre la base de la aparente inevitabilidad de los procesos económicos y culturales que implican la globalización; y por otro, del debilitamiento progresivo de la sociedad civil, y su perdida de poder de ingerencia en los asuntos públicos. Es decir, sin pensar en la posibilidad de formas alternativas de desarrollo, y para la gente, pero sin la gente.

De ello han pasado 10 años. En los primeros 4 años algunos proyectos emblemáticos vieron grandes avances. Con el tiempo comenzaron a integrarse proyectos no considerados (muchos históricamente rezagados) en un inicio y no siempre coherentes con los objetivos de la Comisión, pero aún asi los "lobbies" locales los impulsaban, pues la "categoría" bicentenario facilitaba la asignación de recursos. Además, cambiaron algunas prioridades, incluyéndose la construcción de una serie de Estadios de Fútbol y el abandono definitivo de obras faraónicas y poco sotenibles, como el puente sobre el canal de Chacao o el Teatro Pencopolitano de Concepción.

Luego la crisis financiera de 2008 vendría a mostar las debilidades del sistema económico mundial, desnudando la fragilidad del "exitoso" camino chileno al desarrollo, haciendo más visibles una serie de "inequidades" estruturales (pobreza, bajos salarios, desigualdad, marginalidad urbana). Todo lo cual nos alejó simbólicamente del futuro prometido en el año 2000, a pesar del optimismo de muchos por la incorporación de Chile en la OCDE.

El terremoto de febrero de 2010 no hizo más que confirmar, lo que resultaba ya evidente: el país puede ser más rico que 20 años atrás, pero está lejos de alcanzar el ansiado desarrollo. Así dadas las cosas, comenzó a cuestionarse el funcionamiento y el presupuesto asignado a la propia Comisión Bicentenario, atacándose uno de sus proyectos emblemáticos, la creación en Santiago del Portal Bicentenario en el antiguo aeropuerto Los Cerrillos, si que haya claridad sobre su futuro.

En la actualidad tenemos que a las puertas del bicentenario, muchas de las principales obras promovidas por la Comisión Bicentenario, nunca se realizaron, que varias otras no tuvieron el impacto esperado, y que los planes de transporte público que incluían (en especial el Transantiago y el Plan de Transporte Biovías) no fueron capaces de responder a las espectativas que se tenía de ellos. Así dadas las cosas, cabe preguntarse, ¿qué pasó con la representación simbólica, en el espacio público, de la promesa del desarrollo?,¿que pasó con los proyectos de las ciudades de regiones?, ¿expresan e su imagen urbana actual "un país pleno y justamente desarrollado e integrado en nuestra diversidad"?

Notas

1.- Presentación Comisión Bicentenario, año 2000.

2.- Hasta 2004 la Comisión Bicentenario impulsaba proyectos en: Arica, Iquique, Antofagasta, Calama, Copiapó, La Serena, Coquimbo, Ovalle, Con-Con, Viña del Mar, Valparaíso, Santiago, San Antonio, Rancagua, Curicó, Talca, Linares, Chillán, Tomé, Talcahuano, Concpeción, Temuco, Valdivia, Osorno, Puerto Montt, Castro, Curaco de Vélez, Coyhaique y Punta Arenas.


Imágenes
1.- Logo Comisión Bicentenario.
2.- Plano del proyecto de Teatro Pencopolitano de Concepción.


Véase:

Tesis para optar el Grado de Magíster en Ciencias Sociales con Mención en Comunicación, de la Universidad ARCIS,
Estrategias comunicacionales del poder en el espacio público: La ciudad como medio de comunicación. El proyecto Bicentenario en Concepción".